Planetas y manipulación de masas

Iceberg e inconsciente colectivo

Por José Royo


 Planetas del inconsciente colectivo

 

Los planetas Urano, Neptuno y Plutón se relacionan con el inconsciente colectivo definido por C. G. Jung (1875-1961) como el conjunto de instintos y arquetipos que son comunes en la especie humana. El inconsciente colectivo es dinámico y está en constante transformación, al ser el conjunto de seres humanos quienes perciben y generan al mismo tiempo la corriente energética de dicho inconsciente colectivo.

 

Urano, Neptuno y Plutón representan energías transformadoras que influyen tanto en el individuo como en la sociedad de la cual forma parte. Estos planetas se encuentran más allá de Saturno y no son visibles a simple vista, como subrayando su naturaleza inconsciente. Se trata de energías que no pueden ser frenadas o controladas racionalmente, sin embargo podemos canalizarlas tomando conciencia de su existencia y colaborando con la función evolutiva que tienen en nuestra vida. 

 

La imagen de un iceberg ha sido frecuentemente utilizada para ilustrar el concepto de inconsciente colectivo. La parte visible del iceberg simbolizaría el mundo consciente, astrológicamente representado por los siete planetas tradicionales, mientras que la parte sumergida hace referencia al inconsciente individual, inmerso en las profundas aguas del inconsciente colectivo. En estas profundidades, son los individuos en su conjunto emisores y receptores a la vez de las experiencias y pensamientos colectivos representados por Urano Neptuno y Plutón. 

 

Los ciclos de estos tres planetas son lentos, permanecen varios años en cada sector zodiacal y a nivel colectivo describen tendencias relacionadas con el signo en que se encuentran. Por el contrario, en una carta astral individual debe darse prioridad a las casas natales ocupadas, considerando los signos en segundo lugar y solamente como telón de fondo. Las posiciones zodiacales de Urano, Neptuno y Plutón son comunes para amplios grupos generacionales y revelan cualidades y tendencias compartidas por grupos de personas que tienen las mismas posiciones por signo. 

 

En cuanto a sus tiempos y significado general, Urano permanece 7 años en cada signo y describe ideales de libertad e innovación compartidos por las personas nacidas en ese periodo; Neptuno está unos 13 años en cada signo y se relaciona con sentimientos colectivos, sueños y anhelos inconscientes del grupo generacional; y Plutón puede estar entre 12 y 30 años en cada signo (según se encuentre en su perihelio o afelio) y se relaciona con procesos sociales de transformación regenerativa. Pero en su vertiente negativa, los ideales de Urano pueden tomar la forma de extremismo radical, los sentimientos de Neptuno pueden ser confusos, tóxicos o engañosos y los procesos de Plutón pueden desarrollarse bajo formas crueles, obsesivas o destructivas.

 

Que las manifestaciones de Urano, Neptuno y Plutón sean más o menos positivas, dependerá esencialmente del grado de conciencia personal que tengamos acerca de sus energías. La cuestión es que al tratarse de fuerzas inconscientes que habitan en las profundidades de la psique, no siempre es fácil acceder a ellas y será necesaria una introspección y autoobservación individual, para no caer en actitudes personales compulsivas y/o ser arrastrados por las corrientes sociales dominantes.

 

 

Manipulación de las masas

 

La manifestación de Urano, Neptuno y Plutón en el inconsciente colectivo toma innumerables formas, pero podemos descubrir su presencia en la sociedad a través de las modas, la política, la religión y los movimientos colectivos de todo tipo. Algunas de estas corrientes colectivas pueden ser positivas o relativamente neutras y responder a motivaciones humanitarias, culturales o sociales, pero otras corrientes pueden tener su origen en poderes políticos, económicos o religiosos, con intenciones oscuras u objetivos partidistas. Cabe insistir pues en la necesidad de tomar conciencia de estas fuerzas en el interior de uno mismo ya que, en caso de no hacerlo, existe el riesgo de que la personalidad individual se diluya en las aguas turbias de quienes manipulan las emociones del inconsciente colectivo para sus propios y dudosos fines. 

 

Si analizamos las corrientes colectivas descubrimos que la acción de muchos políticos, líderes religiosos y activistas se basa en inocular en la población una idea concreta, buscando movilizar al mayor número de personas hacia un determinado objetivo. Igualmente quienes manejan los mecanismos del consumismo y disponen de medios de comunicación masivos, estudian los anhelos y temores colectivos para crear pseudonecesidades que estén al servicio de sus intereses. La manipulación de masas utiliza diversas técnicas para promover un determinado comportamiento emocional que causa un corto circuito en el análisis racional y el sentido crítico, consiguiendo que quienes son manipulados estén convencidos de que han decidido libremente pensar y actuar de esa manera. Al estudiar las técnicas utilizadas para manipular las masas, vemos que todo se inicia cuando en una masa popular hay una “minoría activa” que toma una determinada dirección y arrastra al conjunto de dicha masa en esa misma dirección. Y quienes ejercen su poder desde la sombra saben que controlando a esa minoría activa también controlarán la totalidad de la masa. 

 

Visto desde la perspectiva astrológica, el punto de partida suele ser una idea novedosa, revolucionaria o liberadora que despierta la atención (Urano) y conduce a los individuos a un estado emocional colectivo envolvente y contagioso (Neptuno) que desemboca en sentimientos colectivos poderosos (Plutón). La energía de Urano es radical e impactante y abre las puertas a Neptuno y Plutón, que son planetas emocionales y ajenos al sentido crítico individual, lo que facilita inocular conductas, deseos o comportamientos en el inconsciente colectivo. 

 

La mente del grupo no piensa, pues se guía por impulsos y emociones que pueden derivar en actuaciones ciegas y compulsivas. Y cuando esto ocurre encontramos la expresión negativa de Plutón en estado puro, que refuerza el sentimiento de poder implacable que experimenta la masa en movimiento. Así, a lo largo de la historia hemos visto procesos en los que una corriente colectiva dominante deriva en revoluciones sangrientas y genocidios étnicos, llevados a cabo por chusmas enardecidas o grupos fuera de control, cuyos actos desafían todo indicio de racionalidad y humanidad. E incluso en los lugares donde no hay conflictos bélicos, somos testigos de comportamientos viscerales en eventos deportivos, protestas violentas, alegatos religiosos y cruzadas de todo tipo, que poco o nada tienen que ver con lo celebrado o reivindicado, pero que sirven al inconsciente más primario de pretexto para sacar a la luz a la bestia que se oculta en dentro de nosotros.

 

 

La dimensión transpersonal

 

Reconocer y asumir las intensas energías de Urano, Neptuno y Plutón en nuestro interior no es fácil pues sentimos que tienen un poderoso efecto desestabilizante. Pero si no deseamos ser víctimas pasivas de estas energías, será indispensable desarrollar un firme sentido de la propia individualidad y aceptar los desafíos transformadores de estos planetas en nuestras vidas. Esto no implica en absoluto negar o aislarnos de las corrientes colectivas de nuestro tiempo, sino que se trata de participar en dichas corrientes, si es nuestro deseo, aportando conciencia y aquellos valores e ideales coherentes con nuestras creencias y propósito existencial. En definitiva, el desafío es formar parte de un todo sin dejar de ser uno mismo, pues una sociedad solamente se vuelve más consciente en la medida que cada individuo se responsabiliza de sus pautas de comportamiento.

 

Hacer consciente lo inconsciente puede sonar a paradoja cuando sabemos que Urano, Neptuno y Plutón representan energías inconscientes que no podemos controlar. Pero tomar conciencia de estas energías no supone explicarlas desde una lógica racional pues sería imposible dada su naturaleza. De lo que se trata es de establecer una conexión intuitiva con su poder transformador y escucharlas en nuestro interior para canalizarlas y darles alguna forma de concreción, con la ayuda de Saturno y el resto de planetas de nuestra carta natal. 

 

Una conexión positiva con Urano, Neptuno y Plutón pasa por tomar conciencia de que estos planetas representan energías transpersonales que tienen como función esencial contribuir al desarrollo del alma, ya que Urano libera de las limitaciones del mundo material, Neptuno trasciende la ilusión de separatividad y Plutón empuja con su poder transformador hacia estados superiores de conciencia. Y si somos capaces de reconocer estas cualidades superiores en nuestro interior, podremos convertir sus efectos desestabilizadores en oportunidades para nuestra evolución personal y espiritual.

© José Royo

Girona, 2018

 

Fuentes consultadas para este artículo: Los planetas exteriores y sus ciclos, Liz Greene; Manipulación del inconsciente colectivo, Jean-Pierre Morin; 10 Estrategias de Manipulación, Noam Chomsky; La manipulación de las masas en las democracias occidentales, Germán Gorraiz.