Astrología para el siglo XXI

Anillo zodiacal alrededor de la Tierra

Por José Royo


A lo largo del siglo XX la astrología clásica, de orientación predictivo-determinista, fue dejando paso a una astrología moderna cuyo objetivo primordial no era "adivinar el futuro", sino servir como instrumento para el autoconocimiento y la realización de los seres humanos. Conservando la sabiduría de la astrología tradicional, este nuevo enfoque se centró en entender los procesos personales en lugar de quedarse en los acontecimientos externos, enriqueció su lenguaje con las aportaciones de la psicología moderna y se alineó con las corrientes humanista y transpersonal nacientes.

 

Hoy en día cada vez hay más personas que reconocen la valiosa aportación que ofrece esta astrología renovada para su evolución personal, pero todavía existe un desconocimiento general acerca del significado y función de esta ciencia milenaria. Las razones para que dicho desconocimiento se haya perpetuado son diversas y sería muy extensa su exposición. No cabe duda que los horóscopos de revistas han influido negativamente al transmitir una imagen frívola de la astrología, y tampoco ha ayudado el oportunismo de los pseudo-astrólogos o de determinados profesionales con una precaria formación.

 

Todo ello ha alimentado los prejuicios de la comunidad científica "oficial" que, erigida en forma de moderna Inquisición, no ha dejado de dirigir furibundos ataques en contra de la astrología y de todo aquello que no pasa por el cedazo de su estrecho racionalismo. De poco han servido las declaraciones validando la astrología, de personalidades cuya solvencia intelectual está fuera de toda duda. El célebre psiquiatra y psicólogo Carl Gustav Jung ya escribía a finales de 1947:

 

"... muy a menudo he descubierto que los datos astrológicos me ayudaban a dilucidar ciertos puntos que de otra forma hubiera sido imposible de comprender"

 

En la actualidad existen psiquiatras, psicólogos, médicos, filósofos, pedagogos e intelectuales en los cinco continentes que declaran abiertamente su adhesión a los principios astrológicos, sin embargo la mayoría de quienes militan en la estrechez del materialismo científico siguen negando el valor de la astrología y la califican de creencia supersticiosa. Precisamente refiriéndose a esta actitud prejuiciosa hacia la astrología, Paramahansa Yogananda relata en su libro Autobiografía de un Yogui, una conversación con su Maestro Sri Yukteswar en la que éste le explica:

 

"No se trata de creencia; la única actitud científica que debe tomarse sobre cualquier tema, es investigar qué verdad hay en él. La ley de la gravedad operó tan efectivamente antes de Newton como después de él. El cosmos estaría en una situación muy caótica si las leyes no pudieran operar sin la sanción de la creencia humana (...). El equilibrado ritmo del universo está fundado en la reciprocidad (...). Un niño nace en el día y en la hora en que los rayos celestes están en armonía matemática con su karma individual. Su horóscopo es un desafiante retrato suyo, que revela su inalterable pasado y los probables resultados futuros..."

 

La carta astral que representa las posiciones planetarias en el momento del nacimiento y su interpretación se basa en el Principio hermético de correspondencia que dice:  "Como es arriba, es abajo; como es abajo es arriba"

 

En base a este Principio, podemos comprobar que la estructura celeste que existe al nacer refleja simbólicamente las características y potencialidades innatas de la persona que viene al mundo. Sin embargo, desde el momento del nacimiento, las influencias familiares, socio-culturales y educativas, presionan al individuo para que piense y se comporte de una determinada forma alejándole parcialmente de su esencia.

 

Con el paso del tiempo, aquellas partes de nosotros mismos que hemos ido negando debido a las exigencias de nuestro entorno, pugnan por manifestarse creándonos conflictos internos cuyo origen es inaccesible para nuestra conciencia. Es aquí donde la carta astral cobra pleno sentido, pues nos sirve como un espejo que refleja la naturaleza innata de nuestro mundo interior y al igual que un mapa, nos indica caminos que conducen a lugares precisos que sólo nosotros podremos recorrer.

 

Al reconocer quienes somos en realidad y descubrir los diversos itinerarios representados por nuestro mapa natal, podemos avanzar en la dirección que creamos más adecuada para evolucionar y alcanzar un estado de armonía con nosotros mismos y con el mundo. Aunque lo realmente impactante al acceder a nuestra carta astral por primera vez, es la evidencia de nuestro vínculo trascendente con un Universo del que formamos parte...

 

© José Royo